SOÑÉ

Los campos yermos,
los huertos vacíos,
el sol ya no brilla
y nos congela el frío.
Todo son prisas,
llantos, suspiros.

Los rostros tan tristes
y ensombrecidos
de los pequeños sin madres,
sin leche y con cuerpos heridos.

Los famélicos perros
huyen miedosos
de todo el gentío,
los tanques, las balas
y de aquellos gritos.

Solo hay caos,
todo es baldío,
esto me aturde,
¡pero qué ruido!
Son bombardeos,
este estruendo me ha sorprendido.

No oigo ya nada,
ahora he caído
y no veo ni siento,
todo se ha ido.

De pronto…

Las nubes se marchan,
hay agua en el río,
podemos sembrar
y esperar a que espiguen
el maíz y el trigo,
veo amapolas, rosas y lirios.

Puedo sentir el aroma del pino,
resina, jazmines,
lavanda y olivo.
Ya hay tulipanes
y los tréboles brotan
por todos los sitios.

Todo está verde,
hay aroma en la brisa,
el sol brilla fuerte
y me abriga el sentido.

Ríen los niños,
escucho canciones
por aquellos caminos
donde antes oía sollozos y gritos.

Cuánta belleza,
todos se abrazan,
corren y bailan al
son de las danzas,
comen y cantan.

Y otros en cambio
van despacito,
disfrutando el aroma
del heno y espino.

Todo es alegría
color y esperanza,
los cielos azules
prometen bonanza,
se siente la paz,
se escucha la calma,
cómo llena y desborda
la aurora en mi alma.

¿Pues qué es lo que ocurre?
¿Qué turba mi calma?
¿Qué son estos ruidos?
Es el ulular de sirenas,
son bombas, zumbidos.

¡Qué desesperanza!

Ya no hay alegría,
no hay agua en los ríos,
no hay siembra en los campos,
ni flores, ni nidos,
no queda esperanza.

Donde estaban las dunas
ahora hay vainas de balas,
sangre y hastío.

Y es que yo…

tan solo dormía,
tan solo soñaba.
Mi alma se quiebra
al ver la desdicha
de una guerra por lucros,
una guerra sin causas.

Yvonne Torregrosa

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TÚ Y YO

El aire me falta si no estás conmigo.
El velo marfil de tu frente
me embarga de lleno los cinco sentidos.
El sol no calienta si no estoy contigo.
Claridad cegadora, blancura en tu piel
que da luz a mis ojos hasta ahora cosidos.
Nuestra vida está llena
si somos dos que juntos vivimos.
Dejemos en lienzo o pincel
esta fuerza que nace
y el calor que desprenden
nuestros cuerpos unidos.

Bailemos el vals
de los amantes perdidos.
Con tu brío y tu raza
arrebátame el nombre
y si también lo deseas
tomaré tu apellido.
No permitas, mi vida,
que el zumbido del aire
se lleve el vigor
de nuestro amor de un silbido.

Volemos muy lejos,
donde no haya un destino.
Juguemos los naipes de los
Juegos prohibidos.
Durmamos el sueño
de amores sin ruido.
Llorarán los cristales
lamentos celosos
al ver nuestros mimos.
Con afán incesante
deseo sentir tu regazo
por siempre y tu abrazo y tu asilo.
Perdámonos juntos
sin temores ni culpas
por haber huido.

Yvonne Torregrosa

ESCÚCHAME

Gritos taciturnos que escondidos se ahogan
en un profundo rincón de mi garganta.
Lágrimas secas que dibujan surcos heridos
en lo más oscuro de mi alma
dejando charcos amargos
en la blancura pura de mi almohada.

Palabras que se escriben con suspiros,
pidiendo algo que no llega,
y difusas se hunden sin remedio,
poco a poco en un mar sin olas
que en su locura aparenta estar en calma.

Plegarias sin destino que podrían ir a un Dios.
Clamadas con desesperado fervor
y desoídas, se pierden vacías en la nada.
Sueños de esperanza ligeros que no tengo,
en negras noches que llegan al despuntar el alba.

¿Qué más quieres de mí, Señor?
¿Te parecen pocas mis llagas?
Dios, ves mi alma y mi dolor.
Deseo ya paz en mi morada.

Si tienes más coronas que clavar,
mírame
y, si crees que lo merezco,
no lo dudes y clava,
pero que sea a mí, Dios,
que sea mía la sangre que caiga.

Tuya soy, Señor,
dime qué más quieres de mí.
Pero ahora escúchame tú:
sinceramente, creo que ya basta.

Yvonne Torregrosa

Dedicado a la novela “El huracán y la mariposa”(de la escritora y periodista Yolanda Guerrero).

Perdida en ese desierto,
polvorienta y enfangada,
niña exigua por la vida azotada,
te trataban como adulta muy resuelta, espabilada.

Vinieron a rescatarte
a sacarte de las garras
y por las nubes volaste
te llevaban unas alas,
con aquellos ojos grandes,
aquellos que ya te amaban,
de la que ya era tu madre,
ella, la que tenía las alas.

Idolatrando tu vida,
creando para ti paraísos,
un edén, ese nirvana,
poniendo imaginación a todo
para darte un mundo bello,
ya que desde el infierno llegabas.

Madre nueva tenías,
madre buena, generosa y entregada,
enamorada de ti,
de su pequeño angelito,
querubín con flechas envenenadas.

Y tú moviendo tus alas
mariposa te creías,
aún en crisálida estabas,
pero gusano serías,
sin salida, atrapada.

Sin saber cuándo ni cómo,
el aire a ti te cambiaba
y volviéndote un tornado,
en huracán te alzabas,
arrasando con desgarro
todo lo que tocabas,
hasta el hades y aún más lejos
a tu madre te llevabas.

Retoño marchito,
despreciando su mirada,
su sonrisa, su cariño,
y desgastándole las ganas,
la ilusión, ahogando su expresión,
sin aliento te aguantaba.

Y desgraciaste muchas vidas,
de aquellas las que te amaban.
Pero sin tú saberlo,
tú, la más desgraciada,
te metiste en el abismo
y allí te encontrabas feliz
con los tuyos, esos,
los de tu calaña,
los que no saben amar,
los demonios en sus reinos,
con aquellos tú estabas.

Y todo pasó muy deprisa,
aunque una vida expiraba,
la que pudo ser la tuya
y la de tu madre amada,
a esa que nunca quisiste,
a la que renunciaste,
a la que casi por pena muriendo,
sabiendo lo que tú eras
y en el infierno que estabas,
aún así, ella te quiso,
aún así ella te regaló su alma.

Yvonne Torregrosa

MI ÚLTIMO DESEO

Ayer tuve un sueño,
que mi último suspiro llegaba,
que en mi lecho final yacía,
que a por mí la parca venía.

Y en ese preciso instante
un ángel con dulce voz
al oído me preguntaba
y así me decía:
¿qué anhelo más deseas?
¿qué última petición me harías?

Yo sin dudar un instante,
solo pude ver tu cara,
quise acariciar tu rostro
y llevarme a la otra vida
el recuerdo de tu estampa,
un beso de tu boca quería.

El ángel que todo lo puede
me quiso conceder en calma
que disfrutara ese momento
y dejó que tú mi boca besaras.
Pude escuchar tu voz
diciendo que me querías.

Y allí en mi lecho de muerte
abandonando la vida
nada ya me importaba,
tú estabas conmigo a solas
y sabía que me amabas.

Yvonne Torregrosa

FUEGO DE AMOR

He caído libre entre tus dedos que templados me han atrapado suavemente.

Somos sombras en la noche,
que con ansia de pasión se dibujan acariciando sus pliegues,
clamando en susurros
a través de luces que acentúan sus relieves.

Saciando tus deseos
alimento el fuego de mis entrañas ardientes,
que en las brasas se devoran bajo una tenue luz y un nido de abrazos que se derriten en nieve.
Ahora no,
mi amor,
ahora de mí no te alejes, necesito que me beses.

Paladares húmedos
saboreando con miel
nuestras desnudas pieles.
Mis uñas rasgan mapas
en tu espalda
cuando en la efervescencia nos desbordamos
henchidos de locura y placeres.

Rosas teñidas de fuego
deshojando con tus manos
el blanco terciopelo de mis muslos y los suaves montes de mi vientre,
que, como conchas al calor
rendidas,
sus sabrosos frutos de pasión a tu boca se ofrecen.

Yvonne Torregrosa

EL BOSQUE DE MANUELA (relato breve)

Aquella noche se despertó tumbada en la espesura del bosque, tan solo vestida por los rayos blancos de la inmensa luna que cubrían su piel y la hacían parecer aun más bella.
Su negra melena se mecía con la caricia de la brisa, simulaba un manto.
Creyó que el viento era una canción al silbar melodías que la oscuridad le dejaba para que pudiera bailar en su salón de naturaleza perfecta.
Sus pies, como los de una muñequita en su caja de música, parecían no tocar el suelo y hacían que su cuerpo esbelto se deslizara, mientras con delicados movimientos sus brazos emulaban las alas de un pájaro.

No recordaba ni siquiera su nombre. Pero qué importaba, si la dicha la envolvía y se sentía dueña del mundo.
No necesitaba identidad. Qué más daba quién fuera. Era ella…

No se asustaba con nada, caminaba despacito, saboreando el aroma de aquel fresco paraje. Fragancia a corcho húmedo, a hojas verdes, a tierra… tierra fresca del bosque oscuro.
Y en silencio, sintiendo el perdón de las flores que, a pesar de ser pisadas, le regalaban en su último suspiro los mejores perfumes, a cuál más dulce e intenso.

Miraba las estrellas y sabía que sus destellos eran aplausos con susurros, sin jaleo.
Así, dejándose envolver por esa noche templada y sin bruma, escuchando tan solo el rumor de aquel río inmenso que invitaba a mojarse en sus frescas aguas, se acercó a ellas, tenía sed.
Al hacerlo, vio un rostro reflejado. La miraba fijamente a los ojos.
Aquella mirada profunda, negra, pura, sin palabras le decía:
“Ven, por favor, ven mi amor, coge mi mano, ven conmigo, deja esa vida, abandona lo que ya conoces y comencemos juntos este camino en el que hay esperanzas y sueños. Seamos los dos amantes eternos de la noche.
Mi alma será tuya y mi corazón latirá contigo. Seré por siempre tuyo, amada mía, quédate conmigo”.

Al sentir aquello, quiso acariciar el agua con sus finos dedos para así tocar aquel rostro y en las aguas escribir su nombre para dejarle su recuerdo.
Pero no sabía quién era, no pudo hacerlo. No le alcanzaba la memoria. Quién era ella… no podía saberlo. No era más que un rayo de luna que esperaba a ese hombre, a su amante, su amor secreto.
Al fin, tocó el agua y, al hacerlo, el rostro desapareció borroso. Ella se acercó más aun buscándole. Miró dentro, quieta de nuevo. Esperó y siguió esperando mucho tiempo, pero, vencida por el sueño, el amanecer la encontró allí como un ángel.

Amado rostro sin nombre, buscaba la dama a su amor. Pasaron las horas y, ya en el crepúsculo de una negrura que tanto había durado, escuchó algo. Muy despacio se volvió y vio a su espalda a su amor que la buscaba… allí estaba. Le vio.

Pero qué confundida estaba, no era aquel su amado. Las cadenas la encontraron, la taparon y se alejó en la ambulancia con unas personas de blanco. Rompieron sus sueños, sus noches, su encanto. Volvieron a medicarla y hoy, inmóvil, mira al fondo sin ver nada.

Desde que está encerrada, su voz enmudeció. Qué quedará en sus recuerdos, qué será de su amor… ¿estará esperando a que vuelva? Pero aquel tiempo pasó. Su piel está ya ajada, su negra melena en gris se mudó.

Y ya no baila. Solo escucha una voz con un nombre, Manuela…

Así la llaman cuando van al comedor, le dicen Manuela… mas ella no sabe. Ese nombre cada día escucha. No sabe que es el suyo y no les presta atención. Ya sin voz, ni mirada, vive en su mundo sola. Únicamente recuerda una mirada profunda, la del que era su amor. Hay noches en las que habla para sí, llama a su amante a gritos, el del río en el que la miró.

En ese momento, Manuela esboza una mueca y parece feliz. Cree que él vendrá a buscarla, que se irán a su mundo, que sentirán el perfume de su flor y que bailarán abrazados en el agua.

Así será cada noche. Asirá fuerte sus manos, se mirarán a los ojos, se salvarán los dos y vivirán eternamente.
Y será libre, sin nombre. Solos ella y su amor.

ESPERANZA

Las gafas de matiz rosado
hoy en mis ojos he puesto
para ver un mundo bello,
me enfundaré en mi vestido de flores,
traspasaré las fronteras del miedo
y henchida de valor me atreveré a salir de este profundo agujero.

En el campo con aromas silvestres impregnaré mis cabellos,
por los mares a los peces maquillaré con coloridos destellos,
me llevará asida una gaviota feliz
surcando con mi alegría los cielos.
Aunque por ahora…
sigo caminando con mis gafas rosas y este vestido nuevo.

Escarbo la tierra con mis manos
buscando la felicidad que no encuentro,
arañando la corteza seca de un sauce que triste llora
y de un abedul ya viejo.
Deseo con fervor encontrar el Santo Grial
o algún milagroso remedio.

Con las fuerzas consumidas,
las uñas desgastadas
y en las manos…
sin nada regreso,
mi triste hueco vacío
lleno de sombras encuentro,
espero ver tal vez mañana
lo que solo ahora es un lejano recuerdo.

Absurda vida en la que hoy muero
y asfixiada se ahoga mi voz
en este aire que no siento.
Las filigranas bordadas del pasado
se deshilachan en mi mente,
que encerrada duerme abatida
en la tristeza profunda
de una vida sin sol
y de grises días sin cielo.
Sin piedad latigazos hoy crueles desgarran mi presente.

Yvonne Torregrosa

NOVELAS

Recluida en mis libros
me refugio en las letras,
palabras sin sentido leo
y al juntarlas forman
bonitas novelas.

Qué fantásticas historias
de amores,
romances tristes
y malvadas reinas.
Qué intrigas y desamores
de amantes que en la oscuridad furtivos se besan.

Quisiera ser protagonista de todas esas misteriosas leyendas,
un día encarnarme en villano,
al siguiente
en bonita princesa.
Y así vivir una vida magnífica y plena,
llena de aventuras fantásticas y sin cadenas.

Pero cruel realidad
qué distinta la vida…
solo mis libros mirar
y juntar esas letras
es lo que puedo tener,
así es esta vida,
lo demás son historias contadas, leídas,
tan solo ficción…
solo novelas.

Yvonne Torregrosa

BEBE DE MI

BEBE DE MI

Tus ojos, dagas ardientes en mis recuerdos dormidos.
Tu esencia, el perfume más íntimo de mi secreto escondido.
Te quiero, te siento,
o serán solo perturbados deseos los míos.
No sé qué me das,
pero sé que por ti enloquezco,
amor mío.

Mi piel se estremece cuando pienso que en tu cuerpo anido.
Mis ojos relucen cuando acaricio tus hombros fornidos.
Te amo, te extraño, será obsesión lo que hay en mi mente…
Pero, créeme amor,
por ti hoy siento que muero,
con sus flechas me ha alcanzado de lleno Cupido.

Deja tu aroma impregnado en mi pelo,
flores de azahar ungiendo mi cuerpo,
las perlas de nácar que tienen mis pechos
esperan con ansia el calor de tus dedos.
Deja que fluya todo el anhelo
y que juntos vivamos estas pasiones sin freno.

Ámame siempre y en cada momento.
Bebe este vino que endulza tu sangre,
embriaga tu boca y sacia tu sed,
haz tuyo mi aliento,
dame a beber de todos tus besos,
elixir de pasiones en sorbos pequeños.

Muere esta noche conmigo, mi amor,
en este fulgor de dos almas ardiendo,
y hagamos lo mismo mañana
de nuevo.
Vive este sueño de pasión y veneno,
que nos haga llegar hasta el firmamento…
más alto y más alto y muy lento.

Yvonne Torregrosa

EL DUENDE

Dicen que hay un duende
que vive bien escondido,
y en las frías noches de invierno baja del bosque
y sin que nadie le vea,
se lleva en su saco
a algún bebé recién nacido.

Las madres asustadizas
los pestillos bien ceñidos,
y sus puertas atrancadas
protegiendo a sus hijitos.

Todos en la comarca
lo comentan con sigilo,
no sea que les escuche
y el mal duende acuda
y les robe algún chiquillo.

Y en esa fantasía,
el viejo doctor del pueblo
esa historia ha urdido,
el temor ha proferido.
Pero en ese pueblo casualmente,
los niños son todos sanos,
no hay uno que sufra malformación,
que no camine,
que no pueda ver,
que no se pueda valer,
todos sanos esos niños.
Los más fuertes
parece ser que ese pueblo
a sus hijos ha elegido.

Ese pueblo que al duende
por una razón quiere tener,
y todos hablan hipócritas
muy bajito
disimulando el temor
y de ignorantes fingidos.

Y ese canalla doctor
Y canallas algunos de sus vecinos,
cuando un niño ha nacido
él observa minucioso y detenido;
Y, jugando el médico a ser Dios,
si el pequeño enfermo es,
el malvado doctor sabe que hacer
Y el bebé ha desaparecido.
Pocas madres han callado,
otras… han enloquecido.

Yvonne Torregrosa

IMPOSIBLE

Galopaba el joven apuesto
a lomos de su caballo
y a la zaga se quedaba
pues el paisaje admiraba
en su alazán, hidalgo.

Cada mañana salía a pasear por los prados,
allí una lozana chiquilla
con sus malvas flores en las manos
le miraba fijamente
sin importarle el descaro.

Él, al ver su dorado cabello como el maíz
o como sol en sus rayos,
su esbeltez y sus labios,
quedó atrapado en sus ojos
de ese gris azulado.

Descendió de su montura,
no sabía su nombre
ni su estirpe,
solo miró su hermosura
y la llamó Luna,
por su igual palidez
y su hermosa finura.

La subió pronto a la grupa,
ella tomó su cintura,
apoyó la cabeza en su espalda,
y trotaron lejos felices
por la escondida espesura.

Para ella todo era un sueño
y él… saboreando dulzura,
viajaban por el Edén
de su tremenda locura,
dichoso amor imposible,
condenado y con censura.

Luna prometida a desposorios,
su padre la dote pagada tenía,
y el hidalgo caballero,
ya desposado tristemente,
con otra consorte yacía.

Mas ese fervor insensato
en sus memorias perdidas
sus pupilas dilataban
cuando en alguna ocasión
con descuido sus miradas
se cruzaban distraídas.

Y aquel amor desahuciado,
que por vivir su locura
dejó marchitar dos vidas
con una pena infinita,
pagando con el recuerdo,
ahora es tan solo una cuita.

Yvonne Torregrosa

CÚRAME

Arranca las cremalleras de mi cuerpo,
una a una quita la fundas que me tapan,
deja al descubierto mi intelecto
para que puedas contemplar el fondo de mi mente,
quiero que conozcas todo lo que siento,
que sepas lo que sucede en las profundidades de mi alma.

Si alcanzas a vislumbrar mis adentros
y encuentras las llagas que ensangrientan mi mirada,
las quimeras negras que atormentan mis lamentos,
y al pasar la vista por todo
consigues retener el agua de tus lágrimas,
entonces
te pediré fortaleza,
toda esa que a mí me falta.

Y si puedes…
cúrame,
lava las penas de mis pensamientos,
sana mis inquietudes
y pon mi vida en calma.
Así no habrá sido en vano tu esfuerzo,
y será el mejor motivo para que yo te diga gracias.

Yvonne Torregrosa

 

UNO DE NOVIEMBRE

En la casa donde vivo ahora
hay ventanas pequeñas,
todas muy relucientes,
y cada mañana me asomo
para ver como soldados erguidos
a los cipreses verdes.

Quisiera tener girasoles
que como el sol resplandecen.
En cambio,
un ejército de soldados,
todos valientes y fuertes,
me esperan cada mañana
con la alborada de siempre.

En este nuevo sitio
no tengo jardineros
ni a nadie a quien pedir
que me renueve el florero.
Todos mis vecinos en silencio
parecen estar dormidos,
eso me da buen agüero…
tranquilo este barrio nuevo.

Hoy todo se ha llenado de flores,
rosas rojas han traído
y coloridos crisantemos.
Cuánta gente viene a verme…
pero en sus caras no veo
que se encuentren muy alegres;
hay hoy aquí mucho ruido,
también han tenido visita
mis vecinos los de enfrente.

Ya amanece un nuevo día,
ya la paz a mi casa vuelve.
Qué tranquilo está hoy todo,
sola me he vuelto quedar,
sola con mis cipreses.
Y las rosas de ayer…
ya apenas aroma desprenden,
los crisantemos desmayados
muertos todos parecen.

Yvonne Torregrosa

LIBERTAD

Estoy ahora aquí pensando
que me gustaría volar muy alto,
tanto como los pájaros
o tal vez,
aún alzar mi vuelo más largo.

Y desde allí, en las nubes
poder todo admirarlo,
ver mares, montañas y ríos,
y sentirme disfrutando.

Hacer mío entero el mundo,
sin tener con los dedos
ni que tocarlo,
volando libre y feliz,
siendo sirena entre pájaros.

Seré águila en las alturas,
sin miedo, fuerte, segura,
no como en esta tierra
donde soy frágil cordero
a la merced de tantos.

Y si mis sueños se cumplen
y llego a emprender el vuelo,
cada día me alzaré
un poco más lejos
y extenderé mis alas,
sin dejar estela…
sin dejar ni rastro.

Yvonne Torregrosa

TU VALÍA

Alma quiero pura
que sea siempre conmigo,
que sepa guiar mis pasos,
que ilumine mi camino
ese maestro de vida,
que frene mis vastos empujes
y no me deje juzgar
sin saber qué es lo vivido.

Ciega voy por las veredas,
¿quién me retira las piedras?,
¿quién allana mi destino?
Bordeo acantilados y
escarpados precipicios,
camino bien segura,
de la sima no caigo,
sé que una mano certera
va cuidando de mi sino.

Y aferrada fuerte a esos brazos,
a esos ojos,
al experto lazarillo,
al avezado timonel,
sigo el virtuoso sendero,
segura me sostengo con valor,
no sucumbo en las tinieblas,
no temo a la oscuridad,
pues en mi soporte confío.

Mas al llegar a la luz
al final del camino,
miro y me veo sola,
nadie viaja conmigo,
creí que necesitaba ayuda,
ahora sé que soy fuerte,
que me sobran los apoyos,
solo necesito amigos.

Mujer fuerte, segura, valiente,
¿por qué dudas de tu entereza
si has recorrido el sendero,
has terminado el viaje
y has llegado a tu destino?
No necesito un apoyo,
no preciso de guía,
ahora sé que tengo la fuerza,
sola voy hacia la meta,
tal vez…
solo me faltaba seguridad
y un poquito de cariño.

Yvonne Torregrosa

EL CUENTO

A tierra mojada huele tu pelo,
a flor de lavanda,
a heno fresco y romero.
Impregnan de aroma
tus besos mi cuerpo.
Tus brasas me queman,
tu amor, mis deseos.

Tu tacto,
fragancia que es embeleso,
tus hombros.
tu pecho,
tus manos,
tus dedos,
tus labios,
tus ojos
y todos tus anhelos.

Dormir en tus brazos
viviendo este sueño
y no despertarme jamás
de este cuento,
el príncipe blanco
salvando a la dama,
qué dulce y desnuda
dichosa en su cama.

Cuán bellos los cuentos,
los elfos, los duendes,
las hadas,
cuán bellos los sueños de amantes y amadas
que de rosa relatan
de amores sus páginas.

Si eso existiera,
si fuera certero,
morir no quisiera ni por un momento;
probar el sabor,
apreciar este aliento,
y solo de amor gozando en tu lecho,
percibiendo tu aroma,
tu piel, tus recuerdos…

Mas esos amores
tan solo de cuento,
que, si fueron reales
también fueron fugaces, sucintos, escuetos.

Pues el amor es muy breve, caduco
y dispone de un tiempo,
pero cuando este se acaba
por mucho que duela,
se termina el cuento.

yvonne Torregrosa

MI CONDICIÓN

En un cuerpo ya formado,
un corazón escondido
que sufre los desamores,
porque unos pendientes quiere
y se siente desconsolado,
desgraciado y abatido.

En su espalda hay mil espadas
que clavaron forajidos,
apuñalando su alma
por haberse puesto un rostro,
y quizás otro vestido,
y no el de los pantalones,
el de su falda o tacones,
sino el que traía en su alma
sin verse él concernido.

Ese cuerpo tan distinto
al que le hubiera gustado,
al que él hubiera querido
y enfundado en otro sexo
en silencio lo sufre
solo y bien afligido.

No le comprenden algunos,
de él se han burlado y reído
en el colegio de niño,
cuando los más crueles
tiraban a su cabeza los dardos
y le rechazaban amigos,
esos que nunca tuvo
por ser un incomprendido.

Mas hoy todos le quieren
por que es incondicional,
un bello corazón pleno,
el mejor de los aliados,
hombre henchido de bondad,
lleno de mil encantos,
por amores requerido.

No cambies nunca querido,
porque eres una estrella que brilla,
una joya valiosa,
un brillante muy pulido,
con un alma tan profunda,
que muchos quisieran hoy
calzarse tus zapatos
más gastados y raídos.

Yvonne Torregrosa

CANTO AL ARTISTA

Grita al mundo tus colores,
da vida a tus olas,
a tus flores y hasta el sol;
pinta el aire a tus veleros,
refleja estelas en los cielos,
haz que canten tus gaiteros
y que suenen sin oírse
sus canciones y su son.

y las gentes se preguntan:
¿pero y quién es este Barcón?
es pintor,
es un poeta, dicen muchos,
el artista del color.

Y tú como si nada te paseas con tu don,
el que te dio tu apellido,
tu linaje y tu tesón,
el don con el que solo algunos nacieron,
y a ti ese te tocó.

Un ferrolano de sangre,
de nacimiento y posición,
la que le dejaron sus ancestros
y por la que él con orgullo luchó.

Sigue pintando canciones
y escribiendo con color,
porque así lo hace un artista,
así lo hace Carlos Barcón.

Yvonne Torregrosa

OTOÑO

Llega el otoño grisáceo
con su sabor agridulce a melancolía,
lloran lágrimas del cielo
por tristes nubes que asoman,
pues se ha escapado el verano
y se llevó el tinte de la alegría.

En el campo,
piso colores crujientes,
de una alfombra vestida
con tonos anaranjados,
amarillentos,
tostados amarronados
y va cambiando su decorado
con el viento y cada día.

El aroma ya es distinto,
nostalgia es a lo que huele,
esta languidez de los días…
mientras,
veo paraguas, chaquetas húmedas
y en las caras… muchas prisas.

Ya se marchó el verano
y nos dejó con morriña,
ya siento algo de frío en mi alma,
ya son más grises y cortos los días.

Clavándose como jáculos tristes
las tardes de añoranza del ayer,
dejando mi corazón vacuo
y mi alma adormecida.

Yvonne Torregrosa

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