EL BOSQUE DE MANUELA (relato breve)

Aquella noche se despertó tumbada en la espesura del bosque, tan solo vestida por los rayos blancos de la inmensa luna que cubrían su piel y la hacían parecer aun más bella.
Su negra melena se mecía con la caricia de la brisa, simulaba un manto.
Creyó que el viento era una canción al silbar melodías que la oscuridad le dejaba para que pudiera bailar en su salón de naturaleza perfecta.
Sus pies, como los de una muñequita en su caja de música, parecían no tocar el suelo y hacían que su cuerpo esbelto se deslizara, mientras con delicados movimientos sus brazos emulaban las alas de un pájaro.

No recordaba ni siquiera su nombre. Pero qué importaba, si la dicha la envolvía y se sentía dueña del mundo.
No necesitaba identidad. Qué más daba quién fuera. Era ella…

No se asustaba con nada, caminaba despacito, saboreando el aroma de aquel fresco paraje. Fragancia a corcho húmedo, a hojas verdes, a tierra… tierra fresca del bosque oscuro.
Y en silencio, sintiendo el perdón de las flores que, a pesar de ser pisadas, le regalaban en su último suspiro los mejores perfumes, a cuál más dulce e intenso.

Miraba las estrellas y sabía que sus destellos eran aplausos con susurros, sin jaleo.
Así, dejándose envolver por esa noche templada y sin bruma, escuchando tan solo el rumor de aquel río inmenso que invitaba a mojarse en sus frescas aguas, se acercó a ellas, tenía sed.
Al hacerlo, vio un rostro reflejado. La miraba fijamente a los ojos.
Aquella mirada profunda, negra, pura, sin palabras le decía:
“Ven, por favor, ven mi amor, coge mi mano, ven conmigo, deja esa vida, abandona lo que ya conoces y comencemos juntos este camino en el que hay esperanzas y sueños. Seamos los dos amantes eternos de la noche.
Mi alma será tuya y mi corazón latirá contigo. Seré por siempre tuyo, amada mía, quédate conmigo”.

Al sentir aquello, quiso acariciar el agua con sus finos dedos para así tocar aquel rostro y en las aguas escribir su nombre para dejarle su recuerdo.
Pero no sabía quién era, no pudo hacerlo. No le alcanzaba la memoria. Quién era ella… no podía saberlo. No era más que un rayo de luna que esperaba a ese hombre, a su amante, su amor secreto.
Al fin, tocó el agua y, al hacerlo, el rostro desapareció borroso. Ella se acercó más aun buscándole. Miró dentro, quieta de nuevo. Esperó y siguió esperando mucho tiempo, pero, vencida por el sueño, el amanecer la encontró allí como un ángel.

Amado rostro sin nombre, buscaba la dama a su amor. Pasaron las horas y, ya en el crepúsculo de una negrura que tanto había durado, escuchó algo. Muy despacio se volvió y vio a su espalda a su amor que la buscaba… allí estaba. Le vio.

Pero qué confundida estaba, no era aquel su amado. Las cadenas la encontraron, la taparon y se alejó en la ambulancia con unas personas de blanco. Rompieron sus sueños, sus noches, su encanto. Volvieron a medicarla y hoy, inmóvil, mira al fondo sin ver nada.

Desde que está encerrada, su voz enmudeció. Qué quedará en sus recuerdos, qué será de su amor… ¿estará esperando a que vuelva? Pero aquel tiempo pasó. Su piel está ya ajada, su negra melena en gris se mudó.

Y ya no baila. Solo escucha una voz con un nombre, Manuela…

Así la llaman cuando van al comedor, le dicen Manuela… mas ella no sabe. Ese nombre cada día escucha. No sabe que es el suyo y no les presta atención. Ya sin voz, ni mirada, vive en su mundo sola. Únicamente recuerda una mirada profunda, la del que era su amor. Hay noches en las que habla para sí, llama a su amante a gritos, el del río en el que la miró.

En ese momento, Manuela esboza una mueca y parece feliz. Cree que él vendrá a buscarla, que se irán a su mundo, que sentirán el perfume de su flor y que bailarán abrazados en el agua.

Así será cada noche. Asirá fuerte sus manos, se mirarán a los ojos, se salvarán los dos y vivirán eternamente.
Y será libre, sin nombre. Solos ella y su amor.

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ESPERANZA

Las gafas de matiz rosado
hoy en mis ojos he puesto
para ver un mundo bello,
me enfundaré en mi vestido de flores,
traspasaré las fronteras del miedo
y henchida de valor me atreveré a salir de este profundo agujero.

En el campo con aromas silvestres impregnaré mis cabellos,
por los mares a los peces maquillaré con coloridos destellos,
me llevará asida una gaviota feliz
surcando con mi alegría los cielos.
Aunque por ahora…
sigo caminando con mis gafas rosas y este vestido nuevo.

Escarbo la tierra con mis manos
buscando la felicidad que no encuentro,
arañando la corteza seca de un sauce que triste llora
y de un abedul ya viejo.
Deseo con fervor encontrar el Santo Grial
o algún milagroso remedio.

Con las fuerzas consumidas,
las uñas desgastadas
y en las manos…
sin nada regreso,
mi triste hueco vacío
lleno de sombras encuentro,
espero ver tal vez mañana
lo que solo ahora es un lejano recuerdo.

Absurda vida en la que hoy muero
y asfixiada se ahoga mi voz
en este aire que no siento.
Las filigranas bordadas del pasado
se deshilachan en mi mente,
que encerrada duerme abatida
en la tristeza profunda
de una vida sin sol
y de grises días sin cielo.
Sin piedad latigazos hoy crueles desgarran mi presente.

Yvonne Torregrosa

NOVELAS

Recluida en mis libros
me refugio en las letras,
palabras sin sentido leo
y al juntarlas forman
bonitas novelas.

Qué fantásticas historias
de amores,
romances tristes
y malvadas reinas.
Qué intrigas y desamores
de amantes que en la oscuridad furtivos se besan.

Quisiera ser protagonista de todas esas misteriosas leyendas,
un día encarnarme en villano,
al siguiente
en bonita princesa.
Y así vivir una vida magnífica y plena,
llena de aventuras fantásticas y sin cadenas.

Pero cruel realidad
qué distinta la vida…
solo mis libros mirar
y juntar esas letras
es lo que puedo tener,
así es esta vida,
lo demás son historias contadas, leídas,
tan solo ficción…
solo novelas.

Yvonne Torregrosa

BEBE DE MI

BEBE DE MI

Tus ojos, dagas ardientes en mis recuerdos dormidos.
Tu esencia, el perfume más íntimo de mi secreto escondido.
Te quiero, te siento,
o serán solo perturbados deseos los míos.
No sé qué me das,
pero sé que por ti enloquezco,
amor mío.

Mi piel se estremece cuando pienso que en tu cuerpo anido.
Mis ojos relucen cuando acaricio tus hombros fornidos.
Te amo, te extraño, será obsesión lo que hay en mi mente…
Pero, créeme amor,
por ti hoy siento que muero,
con sus flechas me ha alcanzado de lleno Cupido.

Deja tu aroma impregnado en mi pelo,
flores de azahar ungiendo mi cuerpo,
las perlas de nácar que tienen mis pechos
esperan con ansia el calor de tus dedos.
Deja que fluya todo el anhelo
y que juntos vivamos estas pasiones sin freno.

Ámame siempre y en cada momento.
Bebe este vino que endulza tu sangre,
embriaga tu boca y sacia tu sed,
haz tuyo mi aliento,
dame a beber de todos tus besos,
elixir de pasiones en sorbos pequeños.

Muere esta noche conmigo, mi amor,
en este fulgor de dos almas ardiendo,
y hagamos lo mismo mañana
de nuevo.
Vive este sueño de pasión y veneno,
que nos haga llegar hasta el firmamento…
más alto y más alto y muy lento.

Yvonne Torregrosa

EL DUENDE

Dicen que hay un duende
que vive bien escondido,
y en las frías noches de invierno baja del bosque
y sin que nadie le vea,
se lleva en su saco
a algún bebé recién nacido.

Las madres asustadizas
los pestillos bien ceñidos,
y sus puertas atrancadas
protegiendo a sus hijitos.

Todos en la comarca
lo comentan con sigilo,
no sea que les escuche
y el mal duende acuda
y les robe algún chiquillo.

Y en esa fantasía,
el viejo doctor del pueblo
esa historia ha urdido,
el temor ha proferido.
Pero en ese pueblo casualmente,
los niños son todos sanos,
no hay uno que sufra malformación,
que no camine,
que no pueda ver,
que no se pueda valer,
todos sanos esos niños.
Los más fuertes
parece ser que ese pueblo
a sus hijos ha elegido.

Ese pueblo que al duende
por una razón quiere tener,
y todos hablan hipócritas
muy bajito
disimulando el temor
y de ignorantes fingidos.

Y ese canalla doctor
Y canallas algunos de sus vecinos,
cuando un niño ha nacido
él observa minucioso y detenido;
Y, jugando el médico a ser Dios,
si el pequeño enfermo es,
el malvado doctor sabe que hacer
Y el bebé ha desaparecido.
Pocas madres han callado,
otras… han enloquecido.

Yvonne Torregrosa

IMPOSIBLE

Galopaba el joven apuesto
a lomos de su caballo
y a la zaga se quedaba
pues el paisaje admiraba
en su alazán, hidalgo.

Cada mañana salía a pasear por los prados,
allí una lozana chiquilla
con sus malvas flores en las manos
le miraba fijamente
sin importarle el descaro.

Él, al ver su dorado cabello como el maíz
o como sol en sus rayos,
su esbeltez y sus labios,
quedó atrapado en sus ojos
de ese gris azulado.

Descendió de su montura,
no sabía su nombre
ni su estirpe,
solo miró su hermosura
y la llamó Luna,
por su igual palidez
y su hermosa finura.

La subió pronto a la grupa,
ella tomó su cintura,
apoyó la cabeza en su espalda,
y trotaron lejos felices
por la escondida espesura.

Para ella todo era un sueño
y él… saboreando dulzura,
viajaban por el Edén
de su tremenda locura,
dichoso amor imposible,
condenado y con censura.

Luna prometida a desposorios,
su padre la dote pagada tenía,
y el hidalgo caballero,
ya desposado tristemente,
con otra consorte yacía.

Mas ese fervor insensato
en sus memorias perdidas
sus pupilas dilataban
cuando en alguna ocasión
con descuido sus miradas
se cruzaban distraídas.

Y aquel amor desahuciado,
que por vivir su locura
dejó marchitar dos vidas
con una pena infinita,
pagando con el recuerdo,
ahora es tan solo una cuita.

Yvonne Torregrosa

CÚRAME

Arranca las cremalleras de mi cuerpo,
una a una quita la fundas que me tapan,
deja al descubierto mi intelecto
para que puedas contemplar el fondo de mi mente,
quiero que conozcas todo lo que siento,
que sepas lo que sucede en las profundidades de mi alma.

Si alcanzas a vislumbrar mis adentros
y encuentras las llagas que ensangrientan mi mirada,
las quimeras negras que atormentan mis lamentos,
y al pasar la vista por todo
consigues retener el agua de tus lágrimas,
entonces
te pediré fortaleza,
toda esa que a mí me falta.

Y si puedes…
cúrame,
lava las penas de mis pensamientos,
sana mis inquietudes
y pon mi vida en calma.
Así no habrá sido en vano tu esfuerzo,
y será el mejor motivo para que yo te diga gracias.

Yvonne Torregrosa

 

UNO DE NOVIEMBRE

En la casa donde vivo ahora
hay ventanas pequeñas,
todas muy relucientes,
y cada mañana me asomo
para ver como soldados erguidos
a los cipreses verdes.

Quisiera tener girasoles
que como el sol resplandecen.
En cambio,
un ejército de soldados,
todos valientes y fuertes,
me esperan cada mañana
con la alborada de siempre.

En este nuevo sitio
no tengo jardineros
ni a nadie a quien pedir
que me renueve el florero.
Todos mis vecinos en silencio
parecen estar dormidos,
eso me da buen agüero…
tranquilo este barrio nuevo.

Hoy todo se ha llenado de flores,
rosas rojas han traído
y coloridos crisantemos.
Cuánta gente viene a verme…
pero en sus caras no veo
que se encuentren muy alegres;
hay hoy aquí mucho ruido,
también han tenido visita
mis vecinos los de enfrente.

Ya amanece un nuevo día,
ya la paz a mi casa vuelve.
Qué tranquilo está hoy todo,
sola me he vuelto quedar,
sola con mis cipreses.
Y las rosas de ayer…
ya apenas aroma desprenden,
los crisantemos desmayados
muertos todos parecen.

Yvonne Torregrosa

LIBERTAD

Estoy ahora aquí pensando
que me gustaría volar muy alto,
tanto como los pájaros
o tal vez,
aún alzar mi vuelo más largo.

Y desde allí, en las nubes
poder todo admirarlo,
ver mares, montañas y ríos,
y sentirme disfrutando.

Hacer mío entero el mundo,
sin tener con los dedos
ni que tocarlo,
volando libre y feliz,
siendo sirena entre pájaros.

Seré águila en las alturas,
sin miedo, fuerte, segura,
no como en esta tierra
donde soy frágil cordero
a la merced de tantos.

Y si mis sueños se cumplen
y llego a emprender el vuelo,
cada día me alzaré
un poco más lejos
y extenderé mis alas,
sin dejar estela…
sin dejar ni rastro.

Yvonne Torregrosa

TU VALÍA

Alma quiero pura
que sea siempre conmigo,
que sepa guiar mis pasos,
que ilumine mi camino
ese maestro de vida,
que frene mis vastos empujes
y no me deje juzgar
sin saber qué es lo vivido.

Ciega voy por las veredas,
¿quién me retira las piedras?,
¿quién allana mi destino?
Bordeo acantilados y
escarpados precipicios,
camino bien segura,
de la sima no caigo,
sé que una mano certera
va cuidando de mi sino.

Y aferrada fuerte a esos brazos,
a esos ojos,
al experto lazarillo,
al avezado timonel,
sigo el virtuoso sendero,
segura me sostengo con valor,
no sucumbo en las tinieblas,
no temo a la oscuridad,
pues en mi soporte confío.

Mas al llegar a la luz
al final del camino,
miro y me veo sola,
nadie viaja conmigo,
creí que necesitaba ayuda,
ahora sé que soy fuerte,
que me sobran los apoyos,
solo necesito amigos.

Mujer fuerte, segura, valiente,
¿por qué dudas de tu entereza
si has recorrido el sendero,
has terminado el viaje
y has llegado a tu destino?
No necesito un apoyo,
no preciso de guía,
ahora sé que tengo la fuerza,
sola voy hacia la meta,
tal vez…
solo me faltaba seguridad
y un poquito de cariño.

Yvonne Torregrosa

EL CUENTO

A tierra mojada huele tu pelo,
a flor de lavanda,
a heno fresco y romero.
Impregnan de aroma
tus besos mi cuerpo.
Tus brasas me queman,
tu amor, mis deseos.

Tu tacto,
fragancia que es embeleso,
tus hombros.
tu pecho,
tus manos,
tus dedos,
tus labios,
tus ojos
y todos tus anhelos.

Dormir en tus brazos
viviendo este sueño
y no despertarme jamás
de este cuento,
el príncipe blanco
salvando a la dama,
qué dulce y desnuda
dichosa en su cama.

Cuán bellos los cuentos,
los elfos, los duendes,
las hadas,
cuán bellos los sueños de amantes y amadas
que de rosa relatan
de amores sus páginas.

Si eso existiera,
si fuera certero,
morir no quisiera ni por un momento;
probar el sabor,
apreciar este aliento,
y solo de amor gozando en tu lecho,
percibiendo tu aroma,
tu piel, tus recuerdos…

Mas esos amores
tan solo de cuento,
que, si fueron reales
también fueron fugaces, sucintos, escuetos.

Pues el amor es muy breve, caduco
y dispone de un tiempo,
pero cuando este se acaba
por mucho que duela,
se termina el cuento.

yvonne Torregrosa

MI CONDICIÓN

En un cuerpo ya formado,
un corazón escondido
que sufre los desamores,
porque unos pendientes quiere
y se siente desconsolado,
desgraciado y abatido.

En su espalda hay mil espadas
que clavaron forajidos,
apuñalando su alma
por haberse puesto un rostro,
y quizás otro vestido,
y no el de los pantalones,
el de su falda o tacones,
sino el que traía en su alma
sin verse él concernido.

Ese cuerpo tan distinto
al que le hubiera gustado,
al que él hubiera querido
y enfundado en otro sexo
en silencio lo sufre
solo y bien afligido.

No le comprenden algunos,
de él se han burlado y reído
en el colegio de niño,
cuando los más crueles
tiraban a su cabeza los dardos
y le rechazaban amigos,
esos que nunca tuvo
por ser un incomprendido.

Mas hoy todos le quieren
por que es incondicional,
un bello corazón pleno,
el mejor de los aliados,
hombre henchido de bondad,
lleno de mil encantos,
por amores requerido.

No cambies nunca querido,
porque eres una estrella que brilla,
una joya valiosa,
un brillante muy pulido,
con un alma tan profunda,
que muchos quisieran hoy
calzarse tus zapatos
más gastados y raídos.

Yvonne Torregrosa

CANTO AL ARTISTA

Grita al mundo tus colores,
da vida a tus olas,
a tus flores y hasta el sol;
pinta el aire a tus veleros,
refleja estelas en los cielos,
haz que canten tus gaiteros
y que suenen sin oírse
sus canciones y su son.

y las gentes se preguntan:
¿pero y quién es este Barcón?
es pintor,
es un poeta, dicen muchos,
el artista del color.

Y tú como si nada te paseas con tu don,
el que te dio tu apellido,
tu linaje y tu tesón,
el don con el que solo algunos nacieron,
y a ti ese te tocó.

Un ferrolano de sangre,
de nacimiento y posición,
la que le dejaron sus ancestros
y por la que él con orgullo luchó.

Sigue pintando canciones
y escribiendo con color,
porque así lo hace un artista,
así lo hace Carlos Barcón.

Yvonne Torregrosa

OTOÑO

Llega el otoño grisáceo
con su sabor agridulce a melancolía,
lloran lágrimas del cielo
por tristes nubes que asoman,
pues se ha escapado el verano
y se llevó el tinte de la alegría.

En el campo,
piso colores crujientes,
de una alfombra vestida
con tonos anaranjados,
amarillentos,
tostados amarronados
y va cambiando su decorado
con el viento y cada día.

El aroma ya es distinto,
nostalgia es a lo que huele,
esta languidez de los días…
mientras,
veo paraguas, chaquetas húmedas
y en las caras… muchas prisas.

Ya se marchó el verano
y nos dejó con morriña,
ya siento algo de frío en mi alma,
ya son más grises y cortos los días.

Clavándose como jáculos tristes
las tardes de añoranza del ayer,
dejando mi corazón vacuo
y mi alma adormecida.

Yvonne Torregrosa

PECADOS

Enreda mi cabello entre tus dedos,
susurra tu sofocado aliento
en mi espalda,
secuéstrame bajo tu cuerpo,
atrápame en el algodón de tus sábanas.

Roza la piel de mi pecho,
desata el huracán de tu alma,
mece mi cuerpo en tus brazos,
saboreemos el perfume
en nuestro privado mar
de satén con almohadas.

Y con las alas de tu calma
hazme volar trémula y extasiada,
pronuncia muy despacito mi nombre
y repite mil veces cuánto me amas;
así, la luna alcanzaré cada noche
para que ilumine en la oscuridad tu cara.

Traza el mapa de mi vientre,
marca con tu boca en él
las distancias,
mide cada centímetro a besos,
limpiemos hoy nuestras culpas
y volvamos a pecar mañana.

Yvonne Torregrosa

GRATITUD

Cada fiesta de tu vida,
por las calles de Madrid
te paseas con tu hijo,
mas no te vas de risas,
vas con los que no tienen cobijo
y preparas alimentos,
bocados llenos de generosa clemencia
para aquellos tus amigos.

Te vistes con altruismo
y te calzas caridad
y recorres los caminos.
Con tu pan les das amor
que repartes sin prejuicios
y ese caldo que les calma
no solo el hambre del cuerpo,
sino el de sus frágiles almas.

Y como cada festivo,
cargada vas con viandas
para esos pobres mendigos,
que por ti llena de indulgencia
son todos muy queridos.
Este ángel que en la tierra
en un buen momento ha caído
se dedica a los demás
porque para eso ha venido.

Y con tu alegría y bondad
vas dejando tu esencia
y tus palabras a aquellos
que no tienen casa,
ni refugio
ni cobijo,
pero si las bendiciones
que les regala tu alma,
tus bellas acciones
y el calor de tu corazón
que es su mejor abrigo.

Yvonne Torregosa

LA VIDA

Cae la lluvia sobre el oscuro foso,
mojando la madera ya cubierta
y las rosas dan color
a la angustia negra del difunto.

Los presentes miran sin ver
lo que allí dentro acontece,
dejando libre su mente volar,
como las hojas caídas del otoño
que pintan de azarcón el paisaje
ajado por la muerte.

Algunos lloran por la ausencia,
otros, por el descanso que merecen,
cada cual su llanto siente.
Y los que no son ni si quiera parientes,
observando compungidos parecen,
solo acompañan,
mientras, el cadáver nada advierte,
pues en su noche ya adormece.

Palabras vacías repetidas en un canto
y un señor que allí parece un santo,
habla como si de conocido se tratara,
frases que ve en un raído y negro libro,
sin saber quién ha sido el que se ha ido,
pero él narra su discurso distraído.

Con los pasos de reloj
marcando el tiempo,
la vida sigue su camino
y los demás el suyo,
hasta la próxima hora
que escoja la vida
para elegir al siguiente,
y los que después queden,
le despidan impíos en la muerte.

Yvonne Torregrosa

TESTAMENTO

Donde allí todo se cumple,
en el árbol de los sueños,
en el que todo es probable,
a él pido mis deseos,
allí busco soluciones.
Donde mi energía doy al mundo,
ahí grito canciones
y también cuento mis verdades.

En el árbol de los sueños,
todo son ilusiones,
el que mi vida pinta
con su sombra de colores,
en ese mágico sitio,
mi imaginación vuela
por estrellas y por mares.
Quiero allí siempre quedarme.

Mi preferido lugar,
paraíso inmenso,
melodías armoniosas a mi oído,
llenas de divinidades,
quiero en él vivir esta vida,

Y después…

Que mis cenizas
le den fuerza a sus raíces,
a esas ramas,
que fortalezcan el tronco,
descansaré allí
y sentiré sus bondades.

Y ya sin nombre mi alma,
siendo hoja, raíz,
fruto o rama,
sentiré la misma dicha
que hoy me llena,
refrescará a otros mi sombra,
escucharé sus canciones,
sus halagos, los secretos
y atenderé sus plegarias
y hasta cuidaré a los amantes
que se prometan en su sombra amores.

Y al transcurrir en el tiempo,
aguardaré sus cenizas,
que sigan alimentando este árbol,
que fortalezcan su tronco
y que a mi también
me acompañen.

Yvonne Torregrosa

ESOS BESOS

Bésame para que no te olvide
y deja tu esencia en mis labios,
no lleguemos al descuido,
dame tus besos de miel,
quiero tus besos robados.

Pon mi cara entre tus manos,
juntemos nuestras bocas
y callemos nuestros labios,
con la pasión de unos locos
que se besan desbordados.

Amantes para siempre eternos,
por esos besos unidos,
seremos raíces de un árbol,
compartiendo nuestra savia
con besos enamorados.

Con tu cara entre mis manos,
juntaremos nuestros labios,
en silencio,
sin palabras,
con amor apasionado.

Yvonne Torregrosa

EL LEGADO DE MAMÁ

Solo una cosa nos dijo,
una cosa nos pidió.
Y si con el paso del tiempo
olvidáramos su voz
nos lo dejo por escrito.
Escrito con mucho amor.

Hijitos míos decía,
os pido solo un favor,
que os queráis muchiño siempre,
que os tratéis con mucho amor,
que no olvidéis el cariño
que vuestra madre os dejo.

No tengo nada que daros,
ya todo os lo di yo
cuando lo necesitasteis,
y os lo di de corazón.

Pero eso sí,
mis hijiños
no olvidéis mi petición,
es mi único deseo,
es mi mayor ilusión.
Que os tengáis mucho cariño,
que os habléis con mucho amor,
y que estéis siempre
juntiños sin roces y sin rencor.

Es mi último deseo,
es mi mayor ilusión,
que os queráis siempre tanto,
como os he querido yo.
A mis queridos hijiños
con todo mi corazón.

Ana Torregrosa

SIMPLEMENTE “SOLEDAD”

Eran tus ojos azules
del más bello color del cielo,
como dos aguamarinas
celestes, aturquesadas,
zafiros que, mirados al sol,
parecían transparentes como hielo.

De azabache era tu pelo,
en contraste con tu piel.
Como espuma era tu tez,
y tu rostro terciopelo.
Los pétalos de tu boca
como rubíes encarnados,
resaltaban tu belleza,
tu elegancia y tu altivez.

Siempre discreta y prudente,
te envidiaría Afrodita
pues tan bonita te veía.
Y admiraban tu belleza
todos tus pretendientes,
Pero tu elegiste al más
gallardo, al más amable,
gentil y más valiente.

Y erudita la naturaleza,
que estas cosas las hace
solo alguna vez
y a ti abuela mía,
a ti ese don te fue a caer
y ya nadie te lo quita,

Seda pura eran tus manos,
bordadas en abalorios
aterciopelada tu piel,
sentadita en tu escritorio,
ampliando tu cultura,
ya que también eras ilustrada mujer.

Y tal vez,

por tales virtudes y otras,
se enamoró de ti mi abuelo.
te quiso por esposa
y a ninguna otra mujer
que pudiera escoger al vuelo.

Tu esplendorosa finura
era de otra galaxia,
de algún lejano planeta…
y por qué no podía serlo?
dejemos que juegue la mente:
Para mí, mi abuela
pudo ser perfectamente
bella hija de Poseidón
o hermana del mismo Zeus.

Y ya en el ocaso un día,
aquellos bonitos ojos
en la noche se perdieron,
en la noche se quedaron
que mirando sin ver nada
a ti absorta te dejaron.

Ese día te perdiste,
pues ya de tu mundo lejano
de nada te has acordado,
atrapada te quedaste
en ese mundo pasado.
Solo hablabas al azar,
de vez en vez,
de cuando en cuando.

Abuela mía querida
y yo solo para ti bailaba.
Mi virgencita querida,
así tu me decias,
y yo para ti cantaba.
Cuantos bonitos recuerdos
me quedan,
de aquella infancia bonita.

Entre olor a café
y calientes tostadas,
pasaban aquellos días
que a mi tanto me gustaban,
aunque tu no te enteraras.
Cada tarde de visita
yo a mi abuela le cantaba
y le provocaba sonrisas
que mi alma llenaban.

Soledad había en tu rostro
aunque acompañada estabas,
soledades vi en tu retina,
soledades atrapadas,
Soledad era tu nombre,
Y tanta soledad vi
en tu dulce azul mirada
con mis ojos avispados,
que me traspaso el alma.

Si fuera hoy ese día,
te llevaría en volandas,
bailaríamos juntitas
y volverías a reír
y a decirme cántame
virgencita de mi alma.
Y yo, feliz con mi madre
y con mi abuela Soledad,
tan querida y tan amada,
de nuevo canciones bonitas
para ti yo de nuevo cantara.

Yvonne Torregrosa

OLAS DE PLATA

Olas de plomo y plata,
que mareáis a navíos
y a veleros sujetáis
y si con remanso venís
caracolas que me hablan
y llegan solas a mi oído.

Olas de plata y plomo
tan inmensa vuestra belleza,
grandiosa naturaleza,
que solo puedo miraros
y con embeleso amaros.

Quiero ser del mar,
de tan infinita alteza,
desbordada en su riqueza.

Dejo que esas olas
todo mi cuerpo abracen,
que emborrachen mis anhelos,
dóciles olas conmigo,
que acaricien mi piel,
y las profundidades del mar
despierten sentimientos dormidos.

Palabras de amor
en la arena de las playas
los amantes han escrito,
y corazones pintados,
con nombres dibujaditos,
cuando se enfadan las olas
de un vaivén lo borran todo
y ya para esos amores
volverá a ser nunca lo mismo.

Olas de plata
para mi cuerpo pido,
playa donde la mente
me hace viajar
a mis recuerdos queridos,
a mis recuerdos bonitos,

Y el plomo…
desde el horizonte,
allí lejano,
con entusiasmo lo admiro.

Olas de plata,
bordad con espuma blanca
los ribetes de mi cuerpo,
pintad con verdes algas
los paisajes de mi alma
y los corales regados
por vuestro plomo y vuestra plata,
dejadnos disfrutar
cual pintura en un museo,
con vuestra fuerza natural,
con el mar como lienzo
sin óleo y sin espátula.

Yvonne Torregrosa

ANTONIO Y MIGUEL

A la misma residencia han ido los dos a la vez,
a la una llegó Antonio,
a las tres llegó Miguel.

Ya han pasado unos días
y en la misa de la mañana ellos se suelen ver,
Antonio se atreve a mirarle,
Miguel hace como que no le ve.

Algún tiempo ya ha pasado,
y por las tardes juntitos
en el jardín se suelen entretener,
sentaditos en un banco
allí felices charlando con sus cosas de la niñez.

Antonio se ha enamorado,
Miguel sueña cada noche con él,
en qué momento dorado se han ido a conocer.

Pasan juntos los días y se les ve florecer,
pero aquella mañana
Antonio después del desayuno, más o menos a las 10,
no ha visto aún a su amigo,
donde estará hoy Miguel.

Hay allí mucho revuelo
mucha gente con vaivén,
ha llegado una ambulancia,
dicen, que ya no hay nada que hacer,
Miguel se ha ido para siempre
y Antonio cree enloquecer.

No ha podido superarlo
su corazón también se ha parado,
allí caído está él.

Hoy en la residencia han fallecido dos ancianos
el mismo día,
casi a la misma vez.

Yvonne Torregrosa

EL FINAL

Voy cayendo en el abismo,
como la lluvia me fundo entre la tierra,
me hundo en la oscuridad,
ya no siento, sólo caigo,
la sensación de
frio, es helada cual agua del rio.

Voy cayendo en el abismo
y las gotas de mi lluvia se pierden en el mar.

Ya no veo,
ni escucho
sólo caigo,
me dejo llevar.
Qué largo recorrido,
quiero llegar al final.

Voy cayendo en el abismo,
ya no hay nada
solo este oscuro silencio y humedad.
Ya no hay manos que me agarren,
no hay abrazos que me puedan calentar,
ni besar un rostro puedo,
la ingravidez se me hace lenta
y tengo prisa por llegar.

Voy cayendo en el abismo,
sola y fría,
llegó el final…

Aquí hay cenizas sin aroma
y tanta pena y contrición,
la que siento por dejaros
y del llanto ese sabor…

No lloréis queridos míos,
aquí ya no hay nada,
no hay dolor
no hay maldades,
no hay heridas,
no hay sollozos,
ni perdón.

Voy cayendo en el abismo,
pero ahí os dejo el corazón,
con mis fotos,
mis recuerdos
y con todo aquel amor.

Y ahora ya nada queda,
sólo un frío que no siento
y al final… estará Dios.

Yvonne Torregrosa

OJOS DE CARAMELO

OJOS DE CARAMELO:
Así la llamaba su abuela,
ese y muchos más recuerdos de aquella maravillosa infancia, de aquel bonito pueblo,
cada verano jugando en la charca,
buscando ranas,
detrás de los pájaros, persiguiendo gallinas, conejos,
y haciendo trastadas.
Qué gratos aquellos recuerdos…

Ahora que la memoria de cerca ya mucho no le llega,
y como ella bufona se dice, como un pez me estoy volviendo,
aún se acuerda bien de aquello.

Cuánta felicidad había en todos esos momentos;
las gentes, que de año en año se encontraban,
sus sonrisas,
los abrazos…

De sus caras,
pocos recuerdos.
Muchos de ellos
ya murieron
y los pocos que quedan… quién sabe dónde estarán, serán ya muy viejos.

Aunque lo más amado para ella de todo
fueron sus queridos abuelos,
con ellos se crio de niña
y no pudo ser más bello:
tantas historias vividas, contadas,
leídas,
cantadas
y, sobre todo,
tanta paciencia y amor
le regalaron sus abuelos.

Ella no pudo ser abuela.
La vida
ni hijos le dio siquiera,
vive sola,
con sus dos gatitas
y a la más pequeña
la llama
Ojos de Caramelo.

Por las noches,
mil veces se levanta,
a veces se mira al espejo, observa sus ojos cansados
y los besos dulces de su abuela añora
y le caen unas lágrimas que afloran,
que por la cara se le escurren,
ella saca un pañuelo,
enjugándolas temblorosa,
se va a por un poco de leche
e intenta conciliar el sueño.

Yvonne Torregrosa

EL ARREPENTIMIENTO

Por qué abandoné a mi madre
y tan sola la dejé,
sin preocuparme siquiera si tenía qué comer.

Hasta que llegó una noche en que muerta la soñé,
hecho un loco fui a buscarla, pero ya no la encontré.

Por una de las vecinas
me dejó escrito en un viejo papel,
que emborronado por el llanto
apenas pude leer.

“Hijo del alma, decía,
se bueno con esa mujer
que te apartó de mi lado
pero yo, ya la perdoné.

Y si Dios te diera un hijo,
háblale mucho de mi
y dile que no te abandone
como tú me hiciste a mi.

Si tiene los ojos negros
y si se parece a ti,
dale un beso que tu madre
le dejó antes de morir”

Y en la puerta de una iglesia,
muerta de frío… tal vez,
sin exhalar una queja
pasó toda su vejez.

Canción popular,
adaptación

Yvonne Torregrosa

EL PENAL

Las viejas paredes arañadas,
desgastadas y lúgubres
rasgadas,
con lo que parecen nombres escritos
de cuantos por allí pasaron.

Tantos secretos guardan
de los que allí quedaron,
de los que allí murieron,
o tal vez de los que huyeron.

Hedor a húmeda sombra
manchada de sangre
de sudor injusto
de inocentes acusados
y de malvados ultrajantes
allí encerrados.

¿Qué guardan esas viejas paredes?
hondas grietas,
donde algún papel
dejó el suspiro
de una última noche
donde ya no había destino,
más que el más duro final.

Y hoy…
los pocos rayos polvorientos se filtran por las rendijas
de ese inmundo ventanuco,
donde parece dejar escrito
un lamento,
un quejido,
o el perdón en un silbido.

Ahora,
en el lugar funesto,
se escucha al atardecer un rumor,
el arrastre,
el caminar de un espectro,
el que nunca se fue,
el que quedó anclado sin miedo
allí atrapado;
aquél, que escondido por salvarse,
murió ungido de cal
por la casualidad fatal
de un estruendo fallido.

Ay si él hubiera sabido
que venían a salvarle
de una injusta condena,
que con su vida pagó la pena, sin ser más que un triste y puro clérigo confundido,
cuyo único pecado
fue amar a un amor prohibido.

Yvonne Torregrosa

CODICIA

 

Mundo intoxicado
putrefacto ya perece,
lo destroza el poderoso con su desproporcionada ansia
por ganar hasta la muerte.

El cielo
cual chimenea,
escupe veneno turbio, asfixiante,
que difumina el paisaje que no existe.

Los peces
cadáveres nadando, llenos de plomo en sus vientres,
en los ríos hediondos,
repugnantes, apestosos que ya sólo zupia parecen.

Un bosque expédito
con árboles cortados,
gritando a las máquinas destructoras sus llantos con desesperación
que nadie escucha.

El rugir de las calles por el tráfico extremado,
inunda de humo
a los pálidos transeúntes con mascarillas disfrazados,
caminando desganados.

Y allí, algo que parece un nido,
no es más que el recuerdo de un pasado
que un día fue verde,
que algo a lo que le llamaban sol
tuvo,
donde fue felicidad
hoy es infortunio
y ya nada crece.

 

Yvonne Torregrosa

 

 

 

 

AMOR MENDIGO

Tu boca calla temblando
mientras habla tu corazón,
sin decir palabras que suenen
pero saben bien de amor.

Tus manos quietas sudando
pese a que te queme la tentación
y te inquiete la mirada,
mientras tú… disimulas la intención.

Si de otra forma lo hicieras
por mucho que tu quisieras
sería compeler una acción,
mejor sigue en tu silencio
comprendiendo a Platón,
que aunque algunos no le entendieran,
un sabio así lo aludió.

Qué fuertes los sentimientos,
cuán grande es este amor,
pero muriendo en silencio callas
y lo guardas con razón.

Allí ella en su convento
te ofrece un alimento y te reza una oración,
compasiva con los pobres,
con los enfermos y tal vez
con los que padecen adicción.

A ti,
aunque con este plato te sacia un apetito,
pero te deja gran aflicción,
tu mueres por ese beso,
tu lloras un gran dolor,
por el amor que le profesas,
ella sin saber, inocente,
te da la mano y un apretón.

Cuando tus dedos roza
y tú sientes su calor,
crees morir en silencio,
suspiras por ese amor.

Esa mujer con un hábito
vestida de ese color,
que da de comer a los pobres,
tú sólo ves en ella a tu amor,
que sólo alimenta tus sueños
y no conoce tu fervor;
porque tu hambre es del alma,
no se sacia con ración,
tu quisieras ese cuerpo,
esos besos,
ese amor.

Yvonne Torregrosa